2012  final feliz             m_gr_

OBJETOS

          Todo envejece a medida que va devaluándose, si no antes. En resumen: el motivo principal por el que aprendemos a valorar las cosas en vida. De tanto en tanto, algunos objetos adquieren el valor de clásico: a nivel personal, en torno a un colectivo reducido o incluso como fenómeno social. En estos casos, la muerte no es más que el preámbulo de una popularidad que da paso a un nuevo canon y tal, vez, a una nueva vida. Otros objetos simplemente pasan a ser arena en un desierto de recuerdos perdidos o, peor, son recordados como glorias muertas que se mantienen erguidas. Están perfectamente formadas en la memoria, pero desaprovechan un estatus que nunca disfrutaron en vida. No todo puede ser. Seleccionamos o seleccionan por nosotros. En nuestro inventario de imágenes solo podemos aferrarnos a algunas para que hagan historia. El azar, el valor y unas pocas bocas son quienes deciden: sin conciencia, sin decisiones razonadas las más de las veces. Así, unos automóviles se convierten en piezas de coleccionista y otros en latas de garbanzos. Una pluma deviene un hito de la escritura y el diseño mientras otras se secan en el olvido. Algunos edificios pasan a ser iconos artísticos por los motivos más diversos: cambios estilísticos o avances constructivos que los desmarcan por encima del resto de obras. Pero a veces, más allá del continente, lo que supone el proyecto en sí es el contenido.

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TODA VIDA DEPENDE DE LAS CONEXIONES

        Las reacciones no son unidireccionales. Los ecosistemas son una compleja cadena de elementos y procesos donde inconscientemente se establece una total dependencia entre unos y otros. En el reino animal la adaptación frente a una pérdida de uno de los eslabones suele resultar natural, libre y nada reflexionada. Nuestra realidad es distinta. No buscamos la supervivencia, sino el desarrollo. Además, en un mismo espacio se mezclan demasiados intereses como para que nada resulte espontáneo. Esta planificación raramente beneficia a una mayoría y menos aún de manera igualitaria. En nuestro mundo gobiernan instituciones imperfectas que tratan de resolver los problemas comunes a través de acciones aisladas. Mejorar nuestro medio requiere un mero cambio de actitud: que la suma de los distintos problemas contribuya a su propia solución.

UNA SIMBOLOGÍA NUEVA

          Reinterpretar el significado habitual de los elementos cotidianos puede ayudar a convertir los problemas en oportunidades. Que el ecosistema de la ciudad mantenga relaciones de equilibrio entre sus organismos implica que las dinámicas de unos complementen a las de otros. De una manera u otra, esto implica un cambio de percepción de forma que lo que nos hace personas y nos permite vivir plenamente pueda formar parte del desarrollo de los demás. Aunque la ciudad se manifiesta en formas físicas, está basado en fenómenos que transcurren ocultos y en instituciones ancladas en un tiempo erróneo. Estas ideas no pueden desaparecer de la noche a la mañana, pero tienen que dar paso progresivamente a otras más fuertes. ¿Cómo puede algo morir dignamente y convertirse en algo más importante durante el proceso de defunción que en vida?

DESMONTAJE CREATIVO

          A mitad de camino entre la utopía y un paso ineludible que tiene como frontera un cambio de actitud, el desmontaje creativo no se centra en la materialidad, sino también en los valores que ya no funcionan. Hablamos de un proceso a largo plazo donde la pieza fundamental del cambio no es el resultado, sino el movimiento en sí mismo. El desmontaje creativo busca reconstruir los distintos eslabones de la realidad urbana a través de una nueva articulación que sane las heridas parciales a través de la influencia de sus áreas reflejo. La verdadera destrucción de un edificio no es su desaparición, sino su quietud: una quietud que se extiende a todo aquello que lo rodea. Algunos edificios deben desaparecer, otros ir desapareciendo. En un caso o en otro, siempre deben dar paso a una nueva vida. Decidir cuál es la forma óptima de la deconstrucción es también una tarea creativa. El progreso aparece a veces con la retirada de la primera piedra.

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Proyectos con final feliz

          Proyectos con final feliz es una cooperativa de trabajo e investigación con sede en Valencia. Estudiamos juntos y de manera esporádica y no remunerada. Probamos a ver que pasa con las herramientas de las que disponemos. Se podrían decir más cosas pero no me lo permiten. Así que sin más, me despido de ustedes.



Barrio del Carmen
46003 Valencia
+34 699 064 270
+34 660 113 724

proyectofinalfeliz@gmail.com
















Señor, dame Fe

          Proponemos una mirada diferente a la ciudad para reflexionar sobre lo cotidiano. Asumimos que todos los elementos que la componen están relacionados y que a menudo la problemática de unos es la solución de los otros. Pero no siempre en la práctica se recurre a las ventajas de estas simbiosis
Cambiar la percepción sobre lo que nos rodea puede ayudarnos a pensar de una manera mas creativa y, con ello, a mejorar nuestras condiciones de vida en un entorno sostenible.


AUTORES

          Bernat Ivars
          Manuel López


COLABORADORES

          Fran Azorin
          Lola Bataller
          Isabel González
          Eva Raga
          Aitor Varea
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          La Fe, 42 años de servicio
Avenida Campanar, Valencia

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          El antiguo Hospital Universitario La Fe se inauguró en 1968 para atender las necesidades del área de salud de la Generalitat Valenciana. Abierto a las demandas de otros departamentos y comunidades, prestó atención sanitaria universal, integral y personalizada en régimen comunitario, de urgencia, ambulatorio, hospitalización y domiciliario.
Este servicio estaba garantizado por la implicación de casi 7.000 empleados (entre personal facultativo, personal de enfermería, técnicos, administrativos, etc. Sus recursos contaban con más de 1.300 camas de hospitalización, 174 locales de consultas externas y más de 30 quirófanos convencionales.

          Estos recursos posibilitaron un amplio servicio. Durante 42 años atendió diariamente a más de 600 pacientes. Su actividad anual se extendia a los 50.000 ingresos (con una estancia media de 7 días), casi 800.000 visitas externas al año y más de 35.000 intervenciones cada año. Sus gastos anuales ascendían a unos 500 millones de euros.
Esta infraestructura lo llevó a un destacado cumplimiento de su función original en varios campos. Como departamento Universitario, desarrolló investigación y docencia. Como hospital público, fue líder en la actividad trasplantadora de órganos, siendo el único hospital español acreditado para la realización de todo tipo de trasplantes.
En este campo alcanzó varios hitos: el primer hospital de Europa y segundo del mundo en trasplante de sangre de cordón umbilical en adultos. En el Hospital La Fe se llevó a cabo el primer trasplante de piernas del mundo y los primeros trasplantes en España de cara, mandíbula y lengua o de células hepáticas.

          Su función pública fue, no obstante, más allá de la estricta consideración sanitaria. Durante su prolongado periodo de actividad actuó como motor económico y social de un barrio que llegó a identificarse con su existencia. Su intensa actividad contribuyó a la creación de viviendas y servicios para el amplísimo conjunto de empleados, pacientes y familiares.
En 2001, la Consellería de Sanitat de la Generalitat Valenciana anunció la decisión de construir un nuevo Hospital la Fe que sustituyera al centro actual. El traslado de todos sus servicios a la nueva ubicación se produjo entre noviembre de 2010 y febrero de 2011, momento desde el cual el nuevo emplazamiento ha asumido la continuidad de todas las responsabilidades sanitarias heredadas.
En la actualidad, el antiguo centro, que ya solo alberga la escuela de enfermería, laboratorios y alrededor de 20 habitaciones para enfermos crónicos, supone una de las oportunidades urbanas más relevantes de la ciudad. Alrededor de 150.000 m2 de superficie edificada preparados para ser reinventados y seguir cumpliendo su tarea de dinamizar su indisoluble vínculo con el barrio de Campanar



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